Cuando Dayana Rodríguez Rodríguez piensa en su infancia hay recuerdos que se repiten una y otra vez: la casa en el campo, las ventanas abiertas y sus tías cortando y uniendo telas son de las imágenes que más se repiten en su cabeza.
“Recuerdo que mis tías se juntaban todas en una habitación con muchas puertas y ventanas y se ponían a coser. Es lo que vi desde chiquita y de alguna manera me enamoré de ese oficio”.
Dayana se graduó como instructora de arte y se hizo licenciada en Educación; pero lo que bien se aprende no se olvida y el arte de la costura siempre la acompañó.
“En 2016 comencé prácticamente sola como trabajadora por cuenta propia en el negocio de la costura. Luego fui sumando a otras mujeres. Llegó el momento en que teníamos mucha demanda y por eso es que hemos tenido que crecer y ampliar los servicios que prestamos”.
Lo que comenzó por amor a la tradición familiar y como un pequeño emprendimiento para sostener el hogar es hoy el Proyecto de Desarrollo Local Confeccionarte.
Las posibilidades legales que se han abierto para el sector no estatal, las necesidades de la población y el empeño de Dayana han permitido que se presten servicios prácticamente inexistentes en el municipio y se generen empleos.
“Una de mis mayores satisfacciones es que he logrado sacar a varias mujeres de sus casas. Muchas de ellas llevaban años sin tener vida social activa y hoy están aquí, sintiéndose útiles y aportando a la economía familiar.

“Con respecto a los servicios hemos crecido mucho. Hoy, además de confeccionar textiles personalizamos lo mismo una camisa que una gorra. Por encargo hemos hecho uniformes completos”.
El mercado del Proyecto de Desarrollo Local se ha expandido fuera de los límites del municipio y la provincia. El emprendimiento cuenta con servicio de diseño gráfico, fotografía, venta de insumos para la costura y garantiza la entrega en término de sus compromisos gracias al empleo de fuentes renovables de energía.
“Con las dificultades energéticas que enfrenta el país sería casi imposible mantener un negocio como este. Gracias a la instalación de un kit solar podemos cubrir la demanda de electricidad del taller sin problema alguno y así eliminamos las interrupciones en el proceso”.
Pero la hiperactividad de Dayana no le permite quedarse quieta ni completamente satisfecha.

“Queremos aportar un poco más al desarrollo y bienestar de la gente. Estamos gestionando con la Empresa Municipal de Gastronomía reanimar un local que nos queda cerca y que no está prestando servicio.
“La idea es vender comida ligera, desayunos, meriendas, dulces y helados. No estamos lejos de echarlo a andar. Si todo sale bien tenemos la idea de poner un proyector en los portales para que los niños y la población en general venga a ver la televisión o cualquier material audiovisual”.

La realidad de la Cuba actual es compleja y retadora. De nuestra capacidad para reinventarnos y salir a delante depende el futuro mismo de la nación.
Aunque estamos lejos aún de ese final feliz, cuando vemos a personas como Dayana y su equipo intentándolo y lográndolo tenemos que sentir no menos que esperanza y confianza en que sí se puede.

