Hagamos un mejor verano en Pinar del Río
Guerrillero Portada

Hagamos un mejor verano en Pinar del Río

Llegó la etapa estival. Termina un periodo lectivo sin precedentes, un curso escolar cargado de adecuaciones que, inevitablemente, tendrá sus consecuencias en el futuro.

A modo muy personal, considero que cualesquiera que hayan sido las condiciones que llevaron a tales ajustes en el país, el saldo negativo que dejará en los profesionales y técnicos de mañana tendrá un fuerte impacto en la sociedad cubana de las décadas venideras.

Pero mejor hablemos de las vacaciones. Si con la etapa final del curso padres, alumnos y hasta maestros habían reducido tensiones, con el verano crece la euforia en niños, adolescentes y jóvenes. Se dejan a un lado las preocupaciones por las materias que aún no se dominan, los malabares para llegar puntual a la escuela o para garantizar la merienda de cada día.

Ahora en las casas, y también en las calles, predomina el bullicio de los pequeños que anhelan viajes, juegos, diversión; de los adolescentes y jóvenes que buscan opciones recreativas asequibles, o no, al bolsillo de sus padres.

El verano también supone un reto, si bien los problemas y temas escolares quedan atrás, surgen otras situaciones que demandan esfuerzo, responsabilidad, disciplina…, y eso involucra a las familias y a la sociedad en general.

Para los padres se vuelve una odisea complacer al niño que quiere ir a la playa, la piscina, al parque, o que simplemente pasa todo el día en casa queriendo comer chucherías que aumentan su precio día por día, mientras el salario queda en el mismo sitio simbólico.

Pero existen mayores preocupaciones que van de la mano de la precocidad de los adolescentes y del ambiente que los rodea: drogas, alcohol, relaciones sexuales desprotegidas y todo lo que emana de ahí.

Y sí, aunque pareciera cosa del pasado y no se hable mucho por los canales habituales, proliferan enfermedades de trasmisión sexual, pero también hay mucha violencia, no solo contra las mujeres, sino entre personas del mismo género, y todo ello deriva, muchas veces, del consumo de alcohol y de drogas.

El verano, desafortunadamente, trae consigo altos índices de accidentalidad. Actualmente, existe una ola de jóvenes, sobre todo, detrás del timón de motos eléctricas y de combustión que saborean el peligro de la velocidad, y eso, igualmente, va acompañado de bebida y droga.

Si bien es cierto que el país no cuenta con las condiciones económicas idóneas para proporcionar una etapa veraniega con opciones diversas, asequibles o quizás con la calidad de antaño, siempre quedan alternativas que hagan disfrutar y crecer al mismo tiempo.

No renunciemos a la recreación sana, a las propuestas culturales, a los cursos de verano, a los viajes y tertulias entre amigos… Que el periodo estival sea de descanso, de convivir en armonía y recobrar energías para luchar por el futuro.

Por ello depende de las familias, en gran medida, que estos meses de verano transcurran con alegría y civilidad. A las autoridades involucradas en velar por la tranquilidad ciudadana y la disciplina social les corresponde reforzar y hacer cumplir su rol, pero es desde cada hogar donde se garantiza la seguridad y el bienestar de todos para, a pesar de todo, regalarnos un mejor verano.

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