¿De qué sirve tener voz si uno guarda silencio cuando necesita ser escuchado? En realidad, tardé en hablar porque no quiero que alguien eche a todos en el mismo saco, pero es preciso defender a un gran amigo de quienes andamos a pie: los ecotaxis.
Estos triciclos eléctricos, además de cuidar el medio ambiente, brindan un servicio muy económico y oportuno para estos tiempos, al cobrar apenas 10 pesos por pasajero, con lo cual mejoran las opciones de transporte público.
Desde bien temprano, y algunos aun pasadas las 4:00 de la tarde, suben por la Carretera Central de Artemisa y bajan por la calle Céspedes, transitan en ambas direcciones por la Avenida 26 de Julio, cubren otros destinos donde igualmente son bien recibidos… y hasta respaldan el traslado de pacientes a los servicios de hemodiálisis.
Son una solución profundamente humana y socialista (nunca mejor empleado el término). Corren días en que cualquier precio rebasa los cien pesos, sin rubor alguno. En una era de moneda nacional devaluada, tanto bicitaxis como otros medios consideran módico cobrar 150 o 200 pesos por recorrer poco más de diez cuadras.
Entonces, tener estos vehículos amarillos a un precio anacrónico, y a disposición de quien no se mueve ocasionalmente, sino cada día, hacia y desde el trabajo, la escuela, el hospital… e incluso varias veces durante el propio día, es una victoria que debemos defender.
Sí, ese “carrito” es un gran amigo, una idea nacida en favor de todos, pero principalmente del estudiante que va al colegio; la mamá que lleva el niño al círculo; el profesional, técnico u obrero que vive de su salario, la jubilación o una pensión; de los más vulnerables.
¿Por qué hablo de defenderlo? Porque fue concebido con un propósito muy noble, y algunos pretenden mancharlo, al saltarse ese objetivo.
Desde luego, el proyecto siempre incluyó las ganancias para los choferes, algo imprescindible, solo que sin traicionar su espíritu humanista.
Me refiero a quienes suben por la Avenida 26 de Julio, y después cambian de ruta y bajan por la calle Céspedes, como garantía de circular llenos y maximizar ganancias. Aludo también a quienes, cuando llegan al final de la Avenida, esperan hasta completar los asientos para regresar. En ambos casos, los de en medio del recorrido nos quedamos esperando y perdemos el acceso a esta opción tan asequible.
¿Cuál es la justificación de ciertos choferes para dejarnos plantados, después de verlos subir y quedarnos esperándolos a la vuelta? Que por el camino no encuentran suficiente pasaje. Y eso podemos contradecirlo los habitantes de estos lugares. Por supuesto, si no hay estabilidad, los transeúntes apelan a otros medios, a costa de su bolsillo.
Escribo en reclamo de conciencia y disciplina. Creo en la posibilidad de obtener ganancias, sin dejar de satisfacer las necesidades de la población.
No pretendo elevar mi voz, sino solo mis palabras. A fin de cuentas, bien dice el poeta persa Rumi que es la lluvia la que hace crecer las flores, no el trueno. Quiero ser apenas un pasajero que defiende a un gran amigo.
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