CUBA: Atentos a la época de mosquitos
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CUBA: Atentos a la época de mosquitos

Es verano, a veces llueve y esas son las condiciones ideales para un bicho que odiamos: los mosquitos. Si tan solo fueran molestos, pero lo peor es que se trata de un agente transmisor de enfermedades.

Recordemos cómo por varios meses de 2025 no se habló de otro asunto que de dolores y secuelas de chicunguya por aquella ola que se expandió muy rápido por toda Cuba, incluso hubo más que dengue, la enfermedad de esta época que nos acompaña hace décadas y que puede ser mortal. Pocos quedaron ilesos, y hasta se hicieron parodias y se bromeó con los achaques porque así somos los cubanos de jocosos, no obstante, es un serio problema de salud.

Pero, aunque otros temas están en el top popular, no debemos olvidarnos de tomar medidas a pesar de que el contexto sea tan difícil por el calor intenso y la falta de electricidad, además de la dudosa higiene de nuestros alrededores, lo cual hace que el ambiente ideal esté en todas partes con oscuridad, recovecos y nada que los espante.

Ante la escasez de productos que nos ayudan a mantener al mosquito alejado, conviene probar alternativas. Plantas, prevención y sentido común es la combinación que nos queda para reducirlos en tiempos difíciles.

El incremento de las temperaturas y la humedad, más otros factores que resultan en depósitos difíciles de controlar por la abundancia y la dejadez, hace que el mosquito encuentre el escenario perfecto para reproducirse y que enjambres enteros convivan con nosotros, inclusive de día.

En países tropicales como Cuba, estos insectos representan un desafío permanente para la salud pública, como hemos visto que han puesto bajo presión a nuestro sistema sanitario en reiteradas ocasiones.

En la actualidad nos enfrentamos a un periodo de inestabilidad marcado por las limitaciones económicas que impiden obtener insecticidas en grandes cantidades para realizar campañas sociales, dificulta adquirir repelentes comerciales a nivel individual y, ahora, las frecuentes interrupciones del servicio eléctrico nos obligan a mantener puertas y ventanas abiertas más de lo recomendado.

Con tal situación las familias buscan soluciones accesibles para protegerse, y aunque la ciencia advierte que ninguna planta, por sí sola, sustituye las medidas de control epidemiológico ni garantiza una protección absoluta, las aromáticas pueden servir de complemento de lo que debería ser una estrategia más amplia.

De acuerdo con información pública en la web, investigaciones demuestran que la albahaca, la menta, el romero y la citronela, entre otras, contienen aceites esenciales con compuestos volátiles que resultan molestos para algunas especies de mosquitos. Por eso es recomendable tenerlas sembradas cerca de ventanas, balcones, patios o puertas para que les incomode y decidan irse a otro sitio.

Esta no es una medida completamente certera si se emplea en solitario, pero puede servir para disminuir poblaciones de mosquitos, al menos en casa, sobre todo si donde se ubica corre la brisa y mueve las hojas de la planta para que sea liberado su aroma y haga efecto.

Una ventaja de esta iniciativa es que no requiere grandes inversiones ni tecnología, basta con un poco de tierra, agua y luz solar. Sin embargo es un error creer que es suficiente con llenar la casa de macetas. La mejor estrategia siempre será la prevención, eliminar los criaderos que podemos tener cerca.

El mosquito Aedes Aegypti necesita apenas una pequeña acumulación de agua limpia para completar su ciclo reproductivo. Es por eso que llamamos siempre a revisar nuestros espacios porque cualquier artículo se puede convertir en el ambiente ideal. Un cubo olvidado en el patio, un neumático, un florero, la tapa de una botella, una lata vacía, un cascarón de huevo, o un tanque sin tapar pueden ser foco de reproducción.

Por eso, las medidas más eficaces siguen siendo las más sencillas: tapar los depósitos, cambiar con frecuencia los recipientes destinados a plantas o animales, limpiar canaletas, eliminar envases que acumulen lluvia como los platos de las macetas y mantener patios y azoteas libres de objetos inservibles. Bastará una revisión periódica.

Esta tarea de saneamiento será mucho más eficaz que rodearnos de plantas, velas e inciensos. Podemos utilizar el apoyo de mosquiteros en camas y ventanas, pero no es posible estar tapados y encerrados todo el día, en algún momento habrá que salir, por eso las acciones deben ir más allá del entorno inmediato.

La prevención adquiere un significado especial en un escenario económico complejo. No siempre será posible invertir, pero sí fortalecer hábitos cotidianos que dependen más de la organización familiar que del poder adquisitivo.

Debemos tener en cuenta que la salud pública no se sostiene únicamente con hospitales y medicamentos, sino que también se construye en patios, en balcones, en jardines y hacia adentro del hogar con la responsabilidad compartida de cada comunidad.

Cada acción que hagamos con conocimiento representa un pequeño gesto que, multiplicado por miles de hogares, puede reducir riesgos para todos.

Frente a las limitaciones materiales, la información confiable sigue siendo uno de los recursos más valiosos. La naturaleza ofrece herramientas que pueden ayudar, pero su verdadera eficacia aparece cuando se combinan con la higiene ambiental, la vigilancia comunitaria y la educación sanitaria. En un país donde cada recurso cuenta, prevenir continúa siendo la inversión más inteligente y, muchas veces, la más asequible.

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