
La crisis energética en Cuba sigue generando efectos que van mucho más allá de los cortes eléctricos. En La Habana, la escasez de combustible ha llevado a numerosos negocios privados a utilizar gas doméstico para mantener en funcionamiento sus generadores, mientras la acumulación de basura refleja el deterioro de servicios esenciales que el régimen ya no logra sostener.
La falta de diésel y los prolongados apagones han impulsado a muchas mipymes a recurrir al gas manufacturado distribuido por CUPET y al gas licuado de petróleo como alternativa para producir electricidad. Esa demanda adicional ha reducido la disponibilidad del combustible para uso doméstico y ha favorecido el desvío y la reventa en el mercado informal.
Como consecuencia, numerosas familias enfrentan mayores dificultades para cocinar y, en muchos casos, han regresado al uso de leña o carbón ante la imposibilidad de acceder al gas con regularidad.
La crisis también afecta la recogida de desechos. Miles de metros cúbicos de basura permanecen diariamente en las calles debido a la falta de combustible y al deterioro del parque de camiones recolectores. Para aliviar la situación, las autoridades han recurrido a maquinaria de construcción para retirar residuos acumulados, una solución provisional que también provoca daños en calles y aceras.
La acumulación de basura ha incrementado los riesgos sanitarios. Medios locales han informado sobre la presencia de enfermedades como dengue, chikungunya, leptospirosis y hepatitis A en zonas donde los desechos permanecen durante largos períodos.
Ante la incapacidad del Estado para mantener servicios básicos, muchos vecinos han comenzado a organizar jornadas de limpieza por iniciativa propia. La situación pone de manifiesto el impacto que la crisis energética y el deterioro de la infraestructura pública tienen sobre la vida cotidiana de los habaneros.



