
El régimen cubano reconoció públicamente este fin de semana el agravamiento de la crisis del sistema sanitario al admitir que varios de sus principales indicadores retrocedieron de forma significativa, entre ellos la mortalidad infantil, la atención quirúrgica y la supervivencia de pacientes pediátricos con cáncer.
Durante una intervención en el programa oficial Mesa Redonda, el viceprimer ministro Eduardo Martínez Díaz reconoció que los resultados que durante años exhibió el sistema de salud ya no pueden sostenerse.
«Los indicadores sociales en nuestro país se han estado deteriorando (…) Llegamos a tener cuatro o cinco mortalidad infantil y ya se ha duplicado precisamente por esta situación», afirmó el funcionario.
La tasa nacional de mortalidad infantil se sitúa actualmente en 9,3 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos, mientras que en La Habana alcanzó 14 durante los primeros meses de 2026, el peor registro de la capital en más de dos décadas.
El deterioro también golpea la capacidad asistencial. Según Martínez Díaz, el sistema acumula listas de espera para cirugía que superan las 100.000 personas, entre ellas más de 10.000 niños pendientes de una intervención quirúrgica.
Otro de los datos más preocupantes fue la caída en la supervivencia de los niños diagnosticados con cáncer, que pasó del 85 % al 65 %. El funcionario atribuyó ese retroceso a la escasez de medicamentos citostáticos, que ha obligado a retrasar e incluso suspender tratamientos.
Como respuesta, aseguró que el Gobierno destinó más de cinco millones de dólares a recuperar la planta nacional de producción de esos medicamentos, aunque admitió que los apagones y las limitaciones energéticas continúan afectando su funcionamiento.
Las declaraciones oficiales coinciden con un panorama que médicos y pacientes llevan años denunciando. En abril, datos del propio sistema de salud reflejaban que 461 de los 651 medicamentos esenciales no estaban disponibles en las farmacias estatales, mientras cientos de ambulancias permanecían fuera de servicio por falta de combustible y piezas de repuesto.
El doctor Roberto Serrano de Lis, especialista en fisioterapia, describió la situación como un colapso estructural del sistema sanitario. Según explicó, hospitales y policlínicos carecen incluso de los insumos más básicos para atender a los pacientes, mientras el éxodo de profesionales y los bajos salarios siguen deteriorando la atención médica.
A su juicio, cualquier intento serio de recuperación pasa primero por reconocer la magnitud de la crisis. Mientras el régimen siga atribuyendo el deterioro únicamente a factores externos, el sistema sanitario continuará hundiéndose junto con el resto de los servicios públicos del país.

