
La acumulación de basura y la quema de desechos en vertederos improvisados se han convertido en un problema creciente para numerosos barrios de Cuba, donde el humo tóxico generado por estos incendios afecta la calidad del aire y aumenta los riesgos para la salud de la población.
La crisis en los servicios de recogida de residuos, marcada por la falta de combustible, la escasez de camiones y el deterioro de la infraestructura comunal, ha favorecido la proliferación de basureros a cielo abierto en distintos municipios. Ante la acumulación de desperdicios, muchos vecinos recurren a quemarlos para reducir el volumen de los residuos, una práctica que incrementa la contaminación ambiental.
Los efectos ya comienzan a reflejarse en la vida cotidiana. Residentes de distintas zonas denuncian que deben permanecer con puertas y ventanas cerradas durante horas para evitar el humo, mientras centros de salud reportan un aumento de consultas relacionadas con afecciones respiratorias, especialmente entre niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Además del impacto sobre la calidad del aire, la acumulación de basura favorece la proliferación de mosquitos, ratas y otros vectores capaces de transmitir enfermedades como el dengue y el virus de Oropouche, agravando aún más los problemas sanitarios que enfrenta el país.
Especialistas advierten que la combustión de plásticos, poliestireno y otros materiales sintéticos libera sustancias altamente tóxicas, entre ellas dioxinas, furanos y partículas finas, asociadas con enfermedades respiratorias, cardiovasculares y diversos tipos de cáncer cuando la exposición es prolongada.
Aunque la legislación ambiental cubana contempla sanciones para la emisión de contaminantes y el manejo inadecuado de residuos, la crisis de los servicios públicos ha limitado la capacidad de las autoridades para controlar estas situaciones, que continúan extendiéndose en diferentes zonas urbanas.
La proliferación de vertederos improvisados y la quema constante de basura reflejan el deterioro de los servicios comunales y representan un nuevo desafío para la salud pública en un contexto de profundas dificultades económicas y de infraestructura.
