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Vecinos de Regla protestan ante el PCC por apagón de varios días


Vecinos de Regla salieron este jueves a protestar por el apagón que los mantiene sin electricidad desde el 1 de julio y llevaron su reclamo hasta la sede municipal del Partido Comunista de Cuba, en una nueva muestra del hartazgo popular frente al colapso de los servicios básicos en La Habana.

La manifestación se concentró en la intersección de Maceo y Facciolo, donde, en su mayoría mujeres, golpearon cazuelas y cucharas mientras exigían que volviera la corriente y que cesaran las promesas vacías. El reclamo fue directo: quieren dormir con luz y vivir con un mínimo de dignidad.

Entre las escenas más duras estuvo la de una madre empujando la silla de ruedas de su hija adolescente, con parálisis cerebral infantil, mientras la muchacha también se sumaba a la protesta golpeando una cazuela. Esa imagen resume mejor que cualquier discurso el costo humano de los apagones en Cuba: familias atrapadas en casa, niños y enfermos soportando calor, oscuridad y abandono institucional.

La falta de electricidad ha agravado los problemas de la comunidad. Sin corriente, conservar alimentos se vuelve casi imposible, bombear agua cuesta más y la vida doméstica se hunde en la improvisación. En un país donde el régimen ha convertido la escasez en rutina, un corte de servicio deja de ser una molestia técnica y se transforma en castigo social.

Al lugar acudieron autoridades locales, incluida la primera secretaria del Partido Comunista en Regla, con intentos de diálogo que los vecinos rechazaron. La respuesta fue la misma que ya se escucha en otros barrios de la Isla: la gente no quiere más justificaciones ni promesas, quiere soluciones.

Que los manifestantes terminaran frente a la sede del PCC no fue un gesto menor. El reclamo apuntó al centro del poder político, al aparato que controla el país mientras los cubanos cargan con los apagones, la escasez de alimentos, la falta de agua y el deterioro de los servicios esenciales. Regla vuelve a mostrar que el descontento ya no se limita a la queja privada: sale a la calle, canta el himno y señala al responsable político de la ruina cotidiana.

La protesta se suma a otras registradas en las últimas semanas en distintos puntos de Cuba, donde la combinación de cortes eléctricos, hambre, sed y deterioro material sigue empujando a más personas al límite. Cada apagón prolongado confirma lo mismo: el régimen no ha garantizado ni lo más básico y pretende sostenerse sobre la resignación de una población exhausta.

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