
Los prolongados apagones y la escasez casi total de gas licuado han disparado el precio del carbón vegetal en Sancti Spíritus, donde un saco ya supera los 4,000 pesos cubanos. Lo que durante años fue una alternativa económica para cocinar se ha convertido en un gasto inalcanzable para muchas familias, obligadas a enfrentar el deterioro del sistema eléctrico nacional con opciones cada vez más costosas.
El aumento responde a la combinación de varios factores. Los cortes eléctricos diarios han incrementado la demanda de carbón como principal combustible doméstico, mientras las lluvias recientes dificultan la producción y transporte. A ello se suman las limitaciones de insumos, combustible y equipos que afectan a los productores, así como cambios en los mecanismos de comercialización impulsados por las autoridades.
Paradójicamente, Sancti Spíritus figura entre las provincias con mayor tradición en la producción de carbón vegetal destinado a la exportación. Empresas estatales han comercializado durante años este producto en mercados internacionales, mientras buena parte de la población local enfrenta crecientes dificultades para adquirirlo.
El régimen reconoció que la producción atraviesa una etapa crítica debido a la falta de mano de obra, motosierras, combustible, lubricantes y otros recursos indispensables para mantener el ritmo de fabricación. Funcionarios provinciales aseguraron que trabajan en un esquema para incrementar la producción e incorporar a más entidades estatales con el objetivo de abastecer el mercado interno.
Las autoridades también desmintieron versiones difundidas en redes sociales sobre una supuesta prohibición de vender carbón en la provincia. Según explicaron, la intención es ampliar los puntos de comercialización autorizados y reducir la especulación que ha impulsado los precios en el mercado informal.
La situación no es exclusiva de Sancti Spíritus. En distintas provincias del país el valor de un saco de carbón se ha multiplicado en los últimos meses. En Camagüey, por ejemplo, las autoridades intentaron imponer un precio oficial muy inferior al que predomina entre vendedores particulares, sin que hasta el momento existan evidencias de una reducción significativa de los precios.
El encarecimiento del carbón es otra consecuencia directa del colapso energético que atraviesa Cuba. Los déficits de generación eléctrica continúan alcanzando niveles históricos y mantienen a millones de personas sometidas a extensos apagones. Al mismo tiempo, la distribución de gas licuado sigue siendo insuficiente, mientras en el mercado informal una balita puede alcanzar decenas de miles de pesos, una cifra fuera del alcance de la mayoría de los salarios.
Especialistas en salud recuerdan además que el uso del carbón en espacios cerrados implica riesgos importantes por la emisión de monóxido de carbono, un gas tóxico que puede provocar intoxicaciones graves e incluso causar la muerte si no existe ventilación adecuada.
La crisis revela una contradicción cada vez más evidente. Aunque Cuba continúa obteniendo ingresos por la exportación de carbón vegetal, miles de hogares deben destinar una parte considerable de sus ingresos para adquirir el mismo producto con el único propósito de preparar los alimentos en medio de una de las peores crisis energéticas registradas en el país.


