No tirar al niño con el agua sucia es el axioma con que se convoca a no perder lo esencial cuando nos despojamos de lo superfluo. Creo que fue en el primer lustro de los noventa, cuando apenas comenzábamos a admitir y fomentar la pequeña (mínima) iniciativa privada con un grupo de actividades de servicio unidas a la inversión extranjera (sobre todo enfocada al turismo) que comenzaron los resabios teóricos anunciando el abandono de rumbos “sagrados” del proceso revolucionario. Pasaban por alto la predicción del propio Fidel cuando, en más de una ocasión, afirmó que entre más avanzáramos por ese camino, inaplazable, menos socialismo tendríamos y mayores serían las desigualdades.(1)
No había modo de evadir esa ruta, desacertadamente proscrita en 1968 tras la que se llamó “Ofensiva Revolucionaria”, pues entre la ineficiencia y la creciente escasez de recursos de la oferta estatal, derivada a su vez de la debacle del campo socialista y la desaparición del Consejo de Ayuda Mutua Económica (Came) se activaron paliativos que en alguna medida permitieron cubrir las diversas demandas de la población. Crecieron en progresión geométrica los proyectos de pequeños negocios, y, en la medida en que el bloqueo subía sus estándares, más fuerza ganaba dicha táctica mientras se confirmaba, paso a paso, lo advertido por Fidel.
Hoy, a la altura de 2026, llegamos mucho más lejos. El amplio paquete de medidas aprobadas recientemente por la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) asume esos procederes hasta magnitudes nunca sospechadas. A tal extremo llegan que el calificativo de neoliberales pasó a integrar el arsenal de ataques a la Revolución por parte de quienes nunca se cansaron de solicitar “cambios radicales” emanados del gobierno: palos porque bogas y palos porque no bogas: te exijo libertades para, una vez activadas, criticarte. Para mí siempre ha estado claro que no es la vuelta a la economía estatal, planificada y con una propiedad colectiva sobre los medios de producción lo que los inconformes de hoy reclaman. ¿Entonces?
“…marco todo mi apoyo a las medidas, pero me preocupa el peligro de que, en el entusiasmo de su (¿probable?) éxito perdamos la perspectiva de conservar lo que nos define como socialistas”.
Cuando lo táctico se convierte en estratégico cualquier proceso sufre un desgaste simbólico brutal. Si las medidas recientes lograran lo que se proponen (a ver si nos dejan), y se estabiliza una oferta asequible más un crecimiento palpable de la productividad, le habremos abierto la puerta, ya no del jardín sino de la sala, al enemigo. Pero el pago por ese riesgo sería la superación de las insoportables carencias y de la recesión de los proyectos sociales, con lo cual tal vez podamos recuperar el camino de la restauración de lo simbólico y de la generosa plataforma social que desde los inicios identifica a nuestra Revolución.
El pragmatismo solo debe integrar nuestro repertorio táctico, nunca el estratégico. En ese territorio marco todo mi apoyo a las medidas, pero me preocupa el peligro de que, en el entusiasmo de su (¿probable?) éxito perdamos la perspectiva de conservar lo que nos define como socialistas. El niño se nos puede ahogar en el agua sucia. Los dirigentes lo han dejado claro en sus discursos: no cederemos soberanía ni cejaremos en el empeño por alcanzar las metas del proyecto de justicia social. Ejemplos existen de funcionamiento con pautas similares en algunos países, aunque en contextos diferentes. La práctica ha confirmado la validez de esa lógica.
No sé cómo hay personas de probada inteligencia que no se percatan de la gravedad de una situación que obliga a replanteos radicales en los modos de operar. Se sabe que en las tormentas de ideas (brainstorming) “La idea más loca” es a veces la que porta la clave del éxito. Pudiéramos estar frente a ese fenómeno. Recuerdo cuando en 1994 se dañó un eje de la termoeléctrica Antonio Guiteras y vivimos una aguda crisis de insuficiencia de generación; la solución que halló Fidel se centró en la propia electricidad (la idea más loca). Actuando sobre el consumo a través de la sustitución en todos los hogares de los arcaicos electrodomésticos gastadores por otros de mayor eficiencia se obtuvo un ahorro considerable que redujo el déficit.
“…deberá el Partido Comunista de Cuba (PCC) actuar con tino político sumándole al pensamiento fidelista lo que en lo cultural podamos aportar en aras de enriquecer las mentes de las generaciones de hoy y mañana”.
Sabemos que las generaciones de dirigentes se renuevan, y ahí pudiera acecharnos un peligro si las que sucederán a la actual se desideologizan y se embelesan con los movimientos pragmáticos del día de hoy (si resultaran exitosos) y nos quedáramos solo con una abundancia de oferta circundada por la miseria. Ocurrió en la Unión Soviética y en otros países del antiguo campo socialista de Europa del Este. Los principios fundacionales de la Revolución de Octubre fueron desmantelados por algunos malos continuadores. Para que eso no nos suceda deberá el Partido Comunista de Cuba (PCC) actuar con tino político sumándole al pensamiento fidelista lo que en lo cultural podamos aportar en aras de enriquecer las mentes de las generaciones de hoy y mañana.
Se impone esperar la reacción del enemigo, seguramente con contramedidas que buscarán desarticular cada uno de los puntos con que nos proponemos ensamblar la resistencia. Debemos preparar respuestas y alternativas. No nos dejarán tranquilos; lo han dicho y han actuado en consecuencia. Vayamos pensando en otras “ideas locas” que nos permitan salvar al niño en su dura convivencia con el agua sucia.
Nota:
(1) Gloso algo que le escuché. No dispongo de la referencia exacta, que debe existir.
